Embarazo

 

Hola a todas!!!

Este post debería llamarse “Quistes de plexos coroideos bilaterales o como conseguir que una madre se vuelva loca durante unas 8 semanas de gestación rozando el borde del colapso….” pero ese sería un título tan largo como probablemente sea este post.

 

Os voy a hablar de este tema en castellano, sin muchas palabras técnicas y de forma sencilla para que, si alguna embarazada llega hasta aquí buscando información no se vuelva loca como ya me pasó a mi semanas atrás.

 

Estando de 20+1 e ilusionadísima, fui con mi hermana a hacerme el doppler  en la Seg Social, ella jamás había ido a una eco, y yo esperaba que, además de ver lo san@ que estaba, que nos dijeran también el sexo del bebé que aún era un misterio.


Entramos a consulta y lo único que se vio correctamente era que iba a ser una niña, pero la noticia pasó desapercibida para mi cabeza, ya que la ginecóloga nos dijo y mostró que mi niña tenía quistes de plexos coroideos bilaterales en su cabeza (uno en cada lado/hemisferio) cosa que me sonó a japonés y a película de terror a la vez… casi me da algo porque de toda la explicación solo comprendí las palabras “quistes” “cabeza” “malformación” y “síndrome de edwars”….. y entré en barrena.

 

Además la postura de mi beba hacía imposible verle la morfología de la cara ni el corazón, cosa que evitaba descartar por completo algún tipo de enfermedad o malformación genética… Por lo que me habían de volver a citar en el plazo de una semana 🙁

 

En un último intento, me mandaron a comer chocolate para ver si la beba se daba la vuelta y al menos podíamos verle la cara y el corazón correctamente, cosa que hice, y tras dos horas de espera, volví a pasar a consulta para nada, se había movido, pero no como la ginecóloga necesitaba.

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He de reconocer que el embarazo y el parto, es un gran trance para nuestro cuerpo. A nivel físico, se entiende, deja huellas, secuelas, cicatrices… Por supuesto no es lo mismo si eres muy activa, fibrosa, deportista, elástica, disciplinada, etc. Ni es igual según la edad que tengas.

 

No vamos a engañarnos a estas alturas, no es lo mismo parir con 20 que con 40. No tenemos la misma piel o la misma energía, por ejemplo… Y con la forma de vida (entiéndase estudios-trabajo) que llevamos estamos más cerca cada vez que la versión 4.0 que de las anteriores.

 

Todo esto por no mencionar el 2º parto.

Si del primer parto saliste más o menos indemne debido a tu buena forma física, constitución o genética, recuperaste el peso con relativa rapidez y te enfundaste tus vaqueros favoritos a la mayor oportunidad, con el segundo no es tan fácil.

 

Al menos en mi caso, la diferencia de edad del primer embarazo al segundo era de más de 5 años, teniendo en cuenta que el primer embarazo llegó pasada la treintena, pues ya estamos de nuevo más cerca del meridiano 4 que de otro sitio.

 

El tiempo dedicado a mi cuerpo durante el embarazo se redujo drásticamente. Entre el madrugón, la jornada laboral completita (y excedida casi siempre), el comer fuera de casa, el estrés y la peque pupuleando deseando estar con mami, no era tarea fácil llevar a raja tabla eso de “nivea” por la mañana y “aceite de almendras” por la noche. Por Dios, ¡si apenas llegaba a la noche sin quedarme frita en el sofá! Seguro que sabéis de lo que hablo.

 

fuente de la imagen: http://instagram.com/loveyourlines

fuente de la imagen: http://instagram.com/loveyourlines

Mi promesa de irme a caminar todos los días una hora en el segundo embarazo se fue al garete. Era misión imposible (tironiiiiii tironiiiii nino). Si te marchas de casa a las 8, llegas pasadas las 19h., has de preparar cena y/o comida para el día siguiente, atender, bañar, hacer las tareas con la peque, acostarla, contarle un cuento, para luego tu poder ducharte y preparar mochila, bolsa de baile, manualidad, etc… La hora de caminar se desvanece, te echas al sofá y zzzzzz (jo%er, ya me he vuelto a quedar frita sin ponerme el aceite para las estrías. ¡Maldito sueño del embarazo!).

 

¡¡Si me autoimpuse la obligación de ir a las clases de preparación al parto, en el último trimestre, sólo para poder desconectar de tanto ajetreo, centrarme en mi bebé y hacer la relajación y estiramientos que tan bien me hacían!! Eran una terapia (Gracias Pilar).

 

Todo esto ha tenido su resultado. Tengo un nuevo cuerpo, no es mejor ni es peor. Es un cuerpo trabajado, exprimido, a veces agotado, estirado y recompuesto. Un cuerpo que ha tenido dos corazones a la vez durante 9 meses. Un cuerpo que ha distribuido alimento y sangre en dos cuerpos diferentes. Un cuerpo que ha perdido su elasticidad, que no es tan atractivo y firme; pero que es blandito y redondito para poder acunar mejor a mi nuevo bebé. No es un cuerpo, ha sido un hogar durante la gestación y es un hogar tras el nacimiento.

 

No miento, adaptarse a un nuevo cuerpo no es fácil y claro que lo extrañas al verte en el espejo o al probarte el bikini o bañador cuando se acerca el verano peligrosamente. También lamentas no haberte cuidado más aún sabiendo que se puede volver al antiguo y añorado cuerpo. Pero una vez más te falta el tiempo, las fuerzas, las ganas, piensas que esas 2horas fuera de casa entre ir y venir al gym o al paseo a caminar puedes pasarlas recogiendo/ fregando/ tendiendo/ lavando/ cocinando/ estudiando/ leyendo, por poner un ejemplo.  

 

Tus zonas más íntimas también cambian. Están sensibles, doloridas y han de recomponerse. Eso lleva tiempo, pero todo pasa, y al final nuestro sabio cuerpo hace que esa zona también vuelva a su sitio.

 

Hace unos días me reconcilié con mi cuerpo. Y desde aquí le pido perdón si le he maltratado, malcuidado o despreciado recientemente. He redescubierto mi cuerpo, estoy poco a poco conociéndolo y empezando a quererlo de nuevo.

 

¿Y vosotras? ¿habéis redescubierto vuestro cuerpo? No olvidéis contármelo, ya sabéis lo mucho que me gusta leeros… 🙂

 

 

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Has dado a luz hace poco y de repente miras con cara de susto/pasmo el atasco que se ha liado en el desagüe de la bañera después de lavarte el pelo y piensas ¿¡pero que coñ% es esto!?  ¡¡¡Si he tenido un pelo precioso durante todo el embarazo!!!

 

Con el corazón encogido y con cara de circunstancias sales de la bañera y te desenredas el pelo… en cada pasada miras el cepillo asustada ¡¡¡¿¿¿ Todo este pelo es mío???!!! no sabes si llamar a tu pareja, a tu madre o al 061, y rápidamente te asalta el ¡¡¡¿¿¿ pero esto es normal ???!!! y luego te dan ganas de llorar al tirar el pelo a la basura, si, a la basura porque sabes que es inviable tirarlo por el inodoro ya que se puede liar parda….

 

 

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Y te rallas…. y piensas que eso no es normal.  Y lo cuentas…. y te dice todo el mundo que sí, que es normal, pero crees que no te entienden e insistes, “es que es demasiado pelo, eso no puede ser normal, a ver si me pasa algo”….
Y te preocupas… vaya si te preocupas!  Y el resto de tu familia te mira con cara de loca, hasta que un día, cansada de que no te comprendan haces una foto al pelo que se te ha caído durante el baño y lo enseñas y entonces tu pareja-madre-amiga te dice “ost%a!!!, eso no es normal, no?”

Y dentro de ti gritas ¡¡¡ARGGGGG, eso es lo que intento haceros ver desde hace semanas!!!

Es en ese momento cuando empiezas a preguntar y a informarte, a preguntar a otras mamis, googlear y saturarte de información.

 

¿Te has sentido identificada al leerme? Seguro que si…

 

Lo primero que debes saber si estás dando el pecho, es que esto no es un problema originado por la lactancia, estés con LM o con LA aquí estamos todas sufriéndolo igual, es un problema originado por el embarazo y el parto.

 

Si has leído “Un regalo para toda la vida” del Dr. Carlos González, sabrás ya lo que voy a explicarte.  

 

Esta falsa alopecia es realmente un efluvio telogénico que comienza unos 90/100 días tras el parto, es un tema totalmente transitorio y que no es ninguna enfermedad.  En algunas mujeres es más marcado que en otras, pero casi todas lo pasan.

 

El Dr. Paricio en APILAM lo explica de forma breve y sencilla en una de las respuestas a las FAQ recibidas (click aquí): “En el embarazo muchos folículos pilosos entran a la vez en fase de reposo y a los pocos meses del parto empiezan también juntos a caer y se nota mucho, pareciendo que se pierde el pelo por zonas, como si fuera una alopecia. Esto dura entre 3 a 6 meses: a los 12 meses va parando, creciendo de nuevo normalmente y no quedando nada de alopecia.”

 

Por supuesto, ante tu temor, puedes acudir al médico para realizar la consulta correspondiente y que te derive al dermatólogo, pero ya te adelanto que no hay complejo vitamínico o champú que lo frene y que es absurdo gastar un dineral (todos los tratamientos son carísimos) en productos que no tienen la eficacia demostrada.

 

Como en muchos otros aspectos de la crianza o de la lactancia, una vez más la paciencia y el tiempo nos darán la solución.

 

Fuentes de información:

Libro Dr. González “Un regalo para toda la vida”

Web de la Asoc. para la Promoción Investigación científica y cultural de la  Lactancia Materna (APILAM)

 

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Una de las maravillas de salir de cuentas, llegar a tu FPP y pasar de la semana 40 son las conversaciones que tienes con cualquier persona, generalmente de género femenino.
Más que conversaciones, se trata de una única conversación que se centra en tu gestación y en su experiencia o en la de su hermana, vecina, amiga, madre, cuñada, etc…

 

Veamos un ejemplo en versión resumida y obviando los toqueteos de tripa y similares:

 

G= gestante
P= persona en general, dícese la panadera, cajera, vecina, “amiga”, cuñada, graciosa o similar

 

P= ¿¿¡¡ uyyyy pero aún estás así !!?? madre mía que barriga!!! ¿ya estás cumplida no? Sigue leyendo

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